Una actuación coral permite al conjunto rojiblanco alejarse del descenso y recuperar la comunión con la grada
Hay partidos que pueden marcar el devenir de una temporada y el disputado este domingo en el Nuevo Los Cármenes apunta a ser uno de ellos. El Granada CF llegaba al choque ante el Racing de Santander, líder de la categoría, fuera de los puestos de descenso, pero consciente de que una victoria le permitiría abrir una brecha de cuatro puntos con la zona roja.
Pese a un horario poco favorable, la afición respondió y el estadio presentó un ambiente comprometido con su equipo. Pacheta, fiel a su idea, repitió once inicial salvo por la suplencia de Álex Sola, que llegó tarde a la charla técnica. Su lugar lo ocupó Pablo Sáenz, quien firmó su mejor actuación de la temporada.
El Granada CF saltó al césped con una intensidad muy superior a la de su rival, maniatando a un Racing incapaz de desplegar su fútbol. Fruto de esa intensidad llegó el único tanto del encuentro. Diallo sacó rápido una acción que acabó en las botas de Arnaiz, quien se internó en el área y conectó un potente disparo con la derecha ante el que nada pudo hacer Jokin Ezkieta.
Lejos de replegarse tras el 1-0, el conjunto rojiblanco mantuvo el pulso y se marchó al descanso con la sensación de merecer una ventaja mayor. Tras la reanudación, el Racing de Santander dio un paso adelante y Andrés Martín tuvo la ocasión más clara para empatar, pero el Granada supo resistir con orden, sacrificio y carácter.
En los minutos finales emergió el papel decisivo de la grada. Cuando el desgaste físico empezó a pasar factura y el líder apretaba en busca del empate, el Nuevo Los Cármenes empujó como pocas veces esta temporada. Equipo y afición caminaron de la mano hasta el pitido final.
El Racing mantiene el liderato pese a la derrota, pero el Granada CF se llevó algo más que tres puntos: recuperó la confianza de su hinchada y reforzó la sensación de que la permanencia es posible si se mantiene este nivel competitivo.

